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Los secretos de la construcción del Edificio "Havanna", un ícono del perfil urbano marplatense

Foto del escritor: Mar del Plata - La Perla del AtlánticoMar del Plata - La Perla del Atlántico

La torre fue encargada por el creador del alfajor, Demetrio Elíades, que falleció mientras la obra iba tomando forma.

Demetrio Elíades era un empresario nacido en la isla de Creta que, en 1947, junto a dos socios, creó la fórmula del alfajor Havanna. Años después, y debido al éxito de ventas, decidió invertir parte de sus ganancias en la creación de la empresa Delco, que se especializaría en la construcción de edificios de gran altura en la ciudad de Mar del Plata.

El rascacielos que llevaría el nombre del propietario de la empresa, y que se haría popularmente famoso como el Edificio Havanna, se convirtió en la obra icónica de Delco.


La torre Demetrio Elíades fue responsabilidad del arquitecto Juan Antonio Dompé, artífice de otros puntos marplatenses de gran valor patrimonial, como el Palacio Cosmos, esa monumental obra que se abre como dos hojas de un libro en la base de la loma de la avenida Colón.


El Demetrio Elíades es una de las referencias ineludibles de la postal del principal centro turístico de la Argentina. Se erige en el Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos esquina Olavarría, a pocos metros del Torreón del Monje, el Gran Hotel Provincial y del Casino Central.

Imposible pensar en la foto marplatense sin el Havanna, ese mojón que se observa imponente desde toda la ciudad. Se lo ve a varios kilómetros de distancia y es uno de los puntos salientes que primero se aprecia desde la ventanilla del avión.


Esconde una rica historia, vecinos ilustres y es signo de un tiempo en el que La Feliz comenzó a crecer hacia arriba. Durante la década de 1960, se fueron sumando metros cuadrados en altura, edificios de gran porte que iban modificando el paisaje urbano marplatense. Algunos de ellos se convirtieron en icónicos: en pocos años, el skyline de Mar del Plata se modificó radicalmente, sobre todo en el radio céntrico.


Y es que desde la segunda mitad de la década del ‘40, los sectores menos favorecidos habían empezado a veranear en la ciudad. La inauguración de los hoteles sindicales contribuyó a convertir a Mar del Plata en un balneario popular.

La llegada de aluviones de turistas, que no se hospedaban en esos establecimientos, incrementó la necesidad de albergue. Así comenzó la masiva construcción de edificios para las multitudes que se acercaban.


Mar del Plata se convirtió rápidamente en un lugar priorizado por una clase media que podía comprar, créditos mediante, su departamento cerca del mar.


En 1964, en sintonía con ese fenómeno, don Demetrio Elíades empezó a soñar con su nueva aventura. Mientras su fábrica de alfajores crecía a un ritmo sideral, fue amasando la construcción de un monumental rascacielos que mirase al

mar y a buena parte de la ciudad. Se rodeó de los mejores.


El arquitecto Dompé le acercó los planos que reflejaban su idea con la precisión técnica necesaria y Elíades aportó lo suyo. Así nació lo que, en un principio, iba a denominarse Palacio Belvedere. El Cosmos, coronado con el letrero publicitario de una marca de gaseosa, ya había sido inaugurado ante el asombro de locales y turistas sorprendidos por su altura.

En agosto de 1966 se iniciaron las obras en un terreno de 1458 metros cuadrados. Un piso cada diez días. A esa velocidad, un muy buen promedio para la época, se alcanzaron los 125 metros concretados en 39 pisos. Por estricto deseo de Elíades, todos los departamentos debían miran al mar, haciendo honor a la ubicación privilegiada de la torre.


Mientras la mole iba tomando forma, una tragedia hizo peligrar su continuidad: inesperadamente falleció su ideólogo. Luego del cimbronazo que significó la pérdida del gran mentor del proyecto, la construcción siguió adelante. Y se decidió que el nombre fuera reemplazado por Demetrio Elíades. Un verdadero homenaje.

El 4 de diciembre de 1969, los primeros propietarios pudieron acceder a los departamentos del edificio más alto de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires. En ese momento, era el segundo más alto del país. Solo el Alas, en la porteña avenida Leandro N. Alem, lo superaba. Sobre su terraza, que en no pocas ocasiones se encuentra atravesada por las nubes, se emplazó el famoso letrero luminoso que promociona la marca de alfajores. Las letras rojas se convirtieron en una suerte de faro observado desde tierra y mar.

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