La villa, proyectada por el francés Louis Faure Dujarric, originariamente coexistía con imponentes casonas que ocupaban un sector frente al paseo General Paz, entre las que podemos mencionar la de Casimiro Polledo, el chalet Duggan, la Villa Unzué de Alvear, el Chalet de Peralta Ramos, Tres Miradores, entre otras, incluyendo la residencia de su padre Saturnino Unzué.

Ninguna sobrevivió al “progreso”, siendo reemplazadas por edificios (Hotel Hermitage, edificio “Havanna”, etc.)

Para llegar a nuestros días, la villa debió cumplir destinos variados, desde ser la sede del Museo de Guillermo Vilas, hasta discoteque o bares nocturnos, para lo cual se le agregó un volumen exterior que (incluso para quienes carecemos de conocimientos técnicos) le quitó el encanto por completo, mientras adentro no se dejó superficie sin alterar.
Si a eso sumamos los años de abandono posteriores, el resultado es el que puede apreciarse en las imágenes, aún cuando fueron obtenidas esta semana, luego de mucho tiempo de iniciada la restauración que se encuentra en curso.
Según nos cuentan, la villa recuperará su forma originaria, obra que se encuentra a cargo de profesionales comprometidos con que todo se haga como corresponde.

Resta mencionar que la casa integra el código de preservación patrimonial, aunque hace algunos años se solicitó su desafectación, lo que según entiendo no tuvo éxito, por lo que podremos disfrutarla en ese lugar que ocupa desde hace casi un siglo.
Subimos algunas imágenes, que se suman al video grabado desde el balcón, que se publicó esta semana.
NOTA: sobre Concepción Unzué de Casares (“Cochonga”), recomiendo la lectura de su biografía en internet, de la que resalta que aprovechó su posición económica para realizar múltiples obras benéficas, que incluyen el “Asilo” Unzué en nuestra ciudad, entre muchas obras y actos de caridad.
